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Cocinar con una cocotte es una gozada. Estas cazuelas de hierro fundido son magníficas para cocinar lentamente. Son aptas para todo tipo de fuentes de calor y además para el horno, que creo que es su mayor ventaja. El usar una cocotte sólo hay unas premisas: lentitud y tranquilidad. Gracias a este tipo de cazuela podemos elevar un punto más nuestra cocina. Si seguimos las indicaciones básicas para una cocción lenta de los alimentos los resultados que obtendremos serán muchísimo mejores que los que obteníamos hasta ahora. Yo tengo una Le Cresuset que adquirí en www.amazon.co.uk porque con gastos de envío incluídos me salía bastante más barata que comprarla aquí en España. Curiosidades de la globalización. Sin dudarlo es una de las mojores compras que he hecho y ya estoy deseando adquirir alguna más. Los precios son elevados, pero tienes un utensilio de por vida. Vamos a ilustrar el uso de este tipo de cazuelas con una receta sencilla que he hecho hoy.

Ingredientes: 10 piezas de pollo entre muslos y jamoncitos, 3 zanahorias, 100gr de champiñones, 1 pimiento verde, 100ml de caldo de pollo, aceite, mantequilla, sal, pimienta, romero y miel.

Comezaremos poniendo la cocotte al fuego para que empiece a calentarse lentamente. No pongáis el fuego a tope. No le echaremos ningún tipo de grasa todavía. Mientras salpimentamos el pollo y le añadimos un poco de romero. La cazuela estará lista cuando echemos un par de gotas de agua y se evaporen al momento. Echaremos entonces un poco de mantequilla y un poco de aceite y añadimos el pollo para que se vaya friendo por fuera. Después de tenerlo unos 10 minutos le he añadido un poquito de miel. El resultado antes de retirar el pollo y rehogar el resto de ingredientes es éste:

Una vez retirado el pollo eliminaremos el resto de la grasa o líquido que haya en la cocotte y sofreiremos el resto de ingredientes: la zanahoria, los champiñones y el pimiento verde cortado en rodajas. Después de 3 o 4 minutos volvemos a añadir el pollo y echamos un poco de tomate. El tomate, además de aportar sabor, nos ayudará a levantar todo lo que esté pegado en el fondo de la cazuela debido a su acidez. Rehogamos todo junto durante 3 o 4 minutos y añadimos el caldo de pollo (en mi caso caldo casero que tenía guardado en el congelador de la semana pasada. Podéis ver la receta aquí.). No hay que ser generosos a la hora de echar agua o caldo. La medida debe ser lo justo, de forma que se sature enseguida con los micronutrientes de los alimentos y el resto se queden en ellos. Además, la cazuela va a ir tapada, con lo que la evaporación no existirá apenas. Metemos en el horno que tenemos precalentado a 120º y lo dejaremos por espacio de 1:45h-2h.

La temperatura es muy importante. Aprovechándonos de las ventajas del hierro fundido intentaremos que sea de aproximadamente 85-90º en el interior de la cazuela, de forma que no haya evaporación y por lo tanto la carne no se seque. Podemos controlar fácilmente la temperatura con un termómetro de cocina. El que tengo yo es del IKEA y no cuesta más de 10 euros.

Y eso es todo. Ahora se encargará el horno de hacer todo el trabajo. El calor en él es mucho más uniforme que si cocináramos en la vitrocerámica y además el hierro fundido es un excelente conductor del calor y lo reparte en su interior de forma homogénea. Pasado el tiempo de cocción indicado el resultado es el que véis a continuación:

¿Que cómo estaba? Pues francamente no lo sé, porque lo he hecho para comer mañana. Este tipo de platos ganan mucho cuando se enfrían debido a que la carne reabsorbe parte de los líquidos que ha soltado durante el proceso. Mañana veremos.

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