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Hacía tiempo que tenía ganas de ponerme a hacer pan en casa. Mancharme las manos de harina, amasar, hornear y disfrutar como un niño con un trozo de pan que no haya comprado en la panadería de turno. Los panes buenos tristemente escasean hoy en día. No digo que los que se venden que sean todos malos, pero sí que es verdad que para la mayoría de la gente es difícil tener acceso a un pan de pueblo de los que había antes. Tampoco es la misión de hoy obtener uno de éstos. Simplemente vamos a intentar iniciarnos poco a poco en el mundillo del pan e iremos avanzando poco a poco. No soy ningún experto en la materia, que por cierto es extensa de narices, y creo que eso lo hace más atractivo y emocionante todavía.

Para comenzar vamos a hacer un pan muy sencillo. Lo único que nos hace falta es una cazuela de hierro, como por ejemplo una de Le Creuset, o un molde de Pirex con tapa.  Las primeras son ideales para este tipo de preparaciones: conducen y mantienen de forma magistral el calor y las condiciones de humedad del pan, lo que sea más fácil la formación de una corteza crujiente y sólida, por ejemplo. Sigo recomendando comprar una cazuela de éstas porque aunque la inversión inicial sea algo elevada sirven para multitud de cosas dando siempre un excelente resultado. Y además te durarán toda la vida.

En esta receta nos vamos a olvidar de dar humedad al pan, de utilizar prefermentos… Vamos a utilizar simplemente los ingredientes básicos del pan, los vamos a mezclar y lo vamos a meter directamente al horno. Los ingredientes a usar son los siguientes: 320 gr de harina, 175 ml de agua a temperatura ambiente, 20 ml de aceite de oliva virgen extra, 15 gr de levadura fresca y 1 cucharadita de café de sal.

En un bol ponemos la harina y deshacemos con las manos la levadura. Añadimos a continuación el agua y el aceite y comenzamos a mezclar con una cuchara de madera, integrando poco a poco todos los ingredientes. Añadimos en este momento la sal. Cuando veamos que está más o menos todo mezclado ponemos la masa en la mesa o encimera y seguimos amasando con las manos. Si vemos que se nos pega un poco a las manos añadimos un poquito más. Más o menos trabajaremos la masa durante 10 minutos. Tiene que quedar una masa lisa. Ponemos una cucharada de aceite en la cazuela y la untamos bien por toda su superficie interior. Ponemos la masa encima, espolvoreamos un poco de harina por encima con un colador y tapamos con un trapo de cocina.

Ahora habrá que dejar que la levadura haga su trabajo y que la masa leve y doble aproximadamente su volumen. Esto tardará aproximadamente 1 hora y media. Pasado este tiempo el aspecto será el que podéis ver en la siguiente imagen.

Con un cuchillo afilado le hacemos unos cortes como podéis ver a continuación (esto es al gusto), tapamos la cazuela y la metemos en el horno que pondremos en funcionamiento en este mismo momento (es decir, no hay que precalentarlo) con calor arriba y abajo.

La temperatura será de 225°C y el tiempo necesario alrededor de 35-40 minutos desde que se alcance esa temperatura. Una vez que haya pasado el tiempo sacamos la cazuela del horno y sacamos el pan de la misma, dejándolo reposar sobre una rejilla. Esto evitará que se nos ablande el pan por abajo.

 

El resultado es un pan esponjoso y muy rico. Como he dicho al principio es un pan muy simple, así que no esperéis grandes milagros en lo que al sabor se refiere, pero sólo por hacerlo con tus manos merece la pena. En mi casa por lo menos ha gustado mucho.

Espero que os animéis porque de verdad que es muy fácil.